Tan pronto llegas y te fuiste

Y quieres poner a flote mi vida

Y sólo preparas mi muerte

Y la muerte de esperar

Y el morir de verte lejos

Y los silencios y el esperar del tiempo

Y los silencios y el esperar el tiempo

Para vivir cuando llegas

Y me rodeas de sombra

Y me haces luminoso

Y me sumerges en el mar fosforescente donde acaece tu estar

Y donde sólo dialogamos tú y mi noción oscura y pavorosa de tu ser.

César Moro

La tortuga ecuestre - César Moro, poeta peruano

El trailer “work in progress” del documental Trago Amargo, que estamos trabajando como proyecto de título. Esperamos terminarlo en Diciembre.

Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces, qué?

S.T. Coleridge

Vida

Fotografía: Agencia UNO / Terra.cl

Texto: Fernando Pérez G.

Son dos cosas las que me impactan del accidente aéreo en Juan Fernández: la entereza que tienen los colegas comunicadores de las cinco personas que pertenecían a “Buenos Días a Todos” y –el famoso lugar común– lo frágil que es la vida.

¿Cómo se hace para despachar una tragedia que te toca fuertemente en lo personal? Oficio. Desplazar esos sentimientos, guardarlos bien adentro, porque sabes que son miles de personas las que te están viendo, que están también preocupadas y que dependen de ti para informarles. Estas situaciones, cuando sale lo mejor (y lo peor. No olvidemos la portada de LUN y lo de Publimetro) del periodismo, me reafirma la nobleza de la profesión, lo que debería mover a la mayoría de los que estudiamos o somos ya periodistas.

A razón de lo mismo, complica la facilidad con la que puedes dejar este mundo, convertirte en pasado, en sólo recuerdos. El ser humano es algo extraordinario, capaz de increíbles acciones y de desarrollar una personalidad vasta y sobredimensionada. Pero todo eso puede acabarse en un segundo.

Por esto mismo buscamos trascender, dejar algo hecho. De modo que, cuando ya no seamos nada corpóreo, se nos busque en las sonrisas de quienes ayudamos, en los corazones de quienes amamos, en las labores que hicimos con profesionalismo, en los objetos que creamos.

Hacer un libro, grabar una película, construir casas para los más pobres, adoptar un niño, compartir con tu familia, amar amado y también sin serlo, trabajar por vocación, hacer reír, acompañar con un abrazo o acompañar llorando, hablar con desconocidos, empaparse de historias y realidades ajenas a la tuya. Todo eso hace que la vida valga la pena.

Sea cual sea el resultado, tragedias así nos recuerdan que el tiempo para nosotros es escaso y que debemos aprovecharlo. Lo más triste sería irnos de aquí sin cambiarle la vida a alguien, sin influir en nada. Todos lo saben, pero hoy más que nunca hay que recordarlo. Que cada uno busque la manera más linda de vivir.

Fuerza a TVN, a la Fach, al Ministerio de Cultura, a los integrantes de Levantemos Chile y a los familiares de los civiles.

Violeta resucitó

“Violeta se fue a los cielos” constituye el retrato más acabado de la autora nacional que se ha hecho nunca, descartando, obviamente, el libro homónimo. El mayor mérito de la sexta película de Andrés Wood es presentar a un personaje con una increíble multidimensionalidad y no cargarla nunca: la Violeta de Wood es cercana, tierna, perseverante, linda, apasionada y hasta libidinosa. Pero también es ignorante, niña, inmadura, celosa, arrogante, egocéntrica y miedosa.

La obra maneja muy bien los tiempos al mantener un ritmo rápido durante la representación de cada uno de los objetivos que se propuso Violeta durante su vida. A esto la ayuda la música a un nivel imprescindible, ya que el ritmo de las canciones están exacerbados pacientemente en los puntos cúlmines.

Mención aparte merece Francisca Gavilán, actriz que tiene un parecido físico increíble con Violeta pero que también trabajó los aspectos del personaje de una manera muy precisa. Es muy revelador escucharla cantar y confirmar que es la voz de Gavilán la que sale por los parlantes. Todo un mérito el haber aprendido a tocar guitarra y a cantar como la difunta Violeta.

Sutiles son los detalles acústicos, de guión y de imágenes que redondean tanto el inicio, la mitad y el final de la película, convirtiéndola también en un film que busca a un espectador inteligente y proactivo, capaz de interpretar -y querer hacerlo- los aspectos que construyen la personalidad del personaje.

Quienes buscan pensar en los cientos de mensajes que dejó la artista y darse cuenta de por qué el cine es una forma de expresión tan potente, véanla. Los que prefieren la pasividad, probablemente se sentirán desilucionados: “Violeta se fue a los cielos” le hace honor a la poeta: para disfrutarla hay que tener conciencia.

El ruido de las cacerolas

Foto: ADN Radio, a través de UPI
Texto: Fernando Pérez G.

El silencio, además de dar miedo y controlar, no permite enterarse. Por eso la idea del cacerolazo es tan potente. Porque el sonido de las ollas, sartenes y tapas de metal haciendo choque con las chucharas o palos, arrasan con la duda o la certidumbre de que nada sucede, de que estamos durmiendo. En Santiago de Chile (y en muchas otras ciudades del país) el jueves 4 de agosto, poco antes de las nueve de la noche, una hora antes de lo presupuestado y, en gran parte, por la injusta y tremenda represión policial que sufrieron los estudiantes al intentar movilizarse, la gente salió a las calles para romper el silencio. Un conjunto de sonidos metálicos de diferentes tonalidades se mezclaron con las bocinas de los autos, mientras –probablemente–, las autoridades se agarraban la cabeza y pensaban “no están tan solos como pensábamos”.

Si eso pensaron, tienen razón. Si no, están completamente equivocados. Y ciegos: ese día, lo que se vio en la calle, fue la manifestación más clara del apoyo transversal que tiene el movimiento por la educación en Chile. Son hijos, son padres, son abuelos, son hermanos, primos, tíos, pololos y amigos. Busquen una forma de nombrarlos. Todos estaban ahí. Como cuando –dicen los mayores–, renació la esperanza en dictadura, allá por 1986. Los más dormidos despiertan cuando no hay opción, se suele decir. El cacerolazo por la educación lo demostró con creces: para este sistema, injusto y desigual, ya no hay opción.  

Destino es el puente que construye uno mismo hacia el ser amado

Hombre viejo que habla con Jordan (Elisha Cuthber), al final de “My sassy girl”.

Cabe mencionar que la película es un remake de una homóloga coreana de 2001, que a la vez, se basó en una historia real publicada como una serie de post en un blog por el escritor coreano Kim Ho-sik y de la cual se hizo una novela. En la película asiática, la protagonista es interepretada por Ji-hyun Jun.

El repudio a la angustia

Texto: Fernando Pérez G. / Foto: Felipe Rubilar

Difícil no deshacerme en elogios frente a tamaña imagen, tomada por el realizador audiovisual, Felipe Rubilar. Aunque sea difícil discernir en qué contexto se captaron las expresiones de angustia de este abuelo y esta señora, la foto se camufla muy bien con alguna escena de película apocalíptica. Pero no. Esto fue el 14 de julio de 2011, en medio de una de las manifestaciones estudiantiles. Probablemente, y puedo equivocarme, ellos van arrancando de los disturbios. De esa estúpida manera que tienen algunos de hacerse notar: quebrando mobiliario público, haciendo trizas locales pequeños u agrediendo a cualquiera que pase cerca, sea prensa, carabineros y peatones. No pretendo “criminalizar” las marchas, porque está claro que esta es una minoría repudiada tanto por los manifestantes como por las autoridades. El objetivo es que los odiemos aún más, que los marginemos como esas sobras sociales en las que se han convertido. Porque, comprendan: su violencia sólo los convierte en delincuentes, en una gran muestra de pequeñez humana. Quizá, rozando el límite con el salvajismo animal.

Dibujo permanente

La galería Eurocentro, en el paseo Ahumada de Santiago, tiene alrededor de media docena de tatuadores. Casi todos desarrollan su trabajo en torno a imágenes bastante crudas: proliferan diablos, zombies, descuartizados y calaveras. Dibujarse la piel tiene algo de rudeza. No cualquiera aguanta el dolor que produce el abrirla milímetro a milímetro. Antes, pensaba que una tortura así era innecesaria y que bajo ningún motivo la cometería. Pero volví a verla, tocarla, sentirla… y caí. No, no fue por una chica, sino por el lugar donde viví mi infancia: Isla de Pascua. Era verano de 2008 y había vuelto de vacaciones después de siete años en el continente. Empecé a pensar en algo permanente, en una forma de llevarla conmigo siempre, con orgullo. Me tatué. Con dolor al principio y satisfacción después, es el único intento que he hecho de pertenecer a una cultura que no es la mía pero que amo. Como para desgarrarme la piel.  

Hey! es momento de despertar! esto es lo que los medios no muestran en Chile. No hay que dejarse engañar. Véanlo. Infórmense!